Mileva Maric: Un nombre en tinta invisible.

Publicado en Febrero 3, 2022

Mi interés por Mileva Maric nació de una curiosidad personal: en varias producciones cinematográficas y series, como Einstein y Eddington o Genius, la representación de Mileva siempre me pareció reduccionista, mostrándola como una persona inestable o con problemas mentales, un personaje marginal que no despertaba mayor interés. Esto cambió cuando leí un artículo sobre las condiciones durísimas e inhumanas que Albert Einstein impuso a Mileva para que ella le concediera el divorcio, hecho que me escandalizó y me impulsó a querer conocer más sobre la mujer científica que había detrás de ese nombre. Fue así como llegué al libro Einstein's Wife: The Real Story of Mileva Einstein-Maric que en español seria “La esposa de Einstein: la verdadera historia de Mileva Einstein-Maric.” 

Mileva Maric.

Nacida el 19 de diciembre de 1875 en lo que hoy es Serbia, en el seno de una familia acomodada, Mileva mostró desde muy joven una notable inclinación por las matemáticas y la física. Su padre, reconociendo su talento, impulsó su educación al máximo. Un hito temprano fue su ingreso, con un permiso especial, al Colegio Real de Zagreb—una institución entonces solo para varones—para asistir a clases de física.

En 1896, dio un paso pionero al ingresar al Instituto Politécnico de Zúrich, siendo la única mujer en su clase y una de las pocas en toda la institución. Allí inició sus estudios en matemáticas y física, y conoció a Albert Einstein, quien comenzaba sus estudios ese mismo año.

Su relación, primero académica y luego sentimental, se basó en el trabajo conjunto y el intercambio de ideas. Sin embargo, su camino personal fue difícil. Durante la etapa final de su doctorado (1901), Mileva quedó embarazada. Su primera hija, Lieserl, nació y murió al año siguiente. Esta situación, sumada al estigma social de la época por tener un hijo fuera del matrimonio, impactó profundamente su trayectoria académica. Tras no aprobar en dos ocasiones su examen final de doctorado, se vio obligada a abandonar los estudios.

Mileva y Einstein se casaron en 1903 y tuvieron dos hijos: Hans (1904) y Eduard (1910). El matrimonio se fracturó en 1911 cuando Einstein inició una relación con su prima, Elsa Löwenthal. Esto llevó a la separación de la familia en 1914: Mileva se quedó en Suiza con los hijos, y Einstein se fue a vivir con Elsa a Alemania.

El deseo de Einstein de divorciarse se topó con la inicial negativa de Mileva. En un acto de presión extrema, Einstein le envió en 1916 un ultimátum con condiciones inaceptables para continuar el matrimonio, diseñadas para forzarla a ceder. Le exigía, entre otras cosas, que le sirviera como una sirvienta silenciosa (encargándose de su ropa y sus comidas en su habitación), que renunciara a toda relación personal con él, y que abandonara su presencia inmediatamente y sin protestar cuando él lo ordenara. Ante esta alternativa humillante, Mileva finalmente accedió al divorcio, que se concretó en 1919. La negociación económica culminó con el famoso acuerdo por el cual Einstein le cedió todo el monto del futuro Premio Nobel (que ganó en 1921). Este dinero le permitió a Mileva comprar propiedades en Zúrich y asegurar el sustento, especialmente para el costoso cuidado de su hijo Eduard, quien padecía esquizofrenia.

El resto de la vida de Mileva estuvo dedicada al cuidado de su hijo Eduard, quien padecía esquizofrenia, y a dar clases particulares de música, física y matemáticas para sostenerse. Su otro hijo, Hans, se convertiría en un destacado ingeniero y profesor en Berkeley. Mileva Marić falleció a los 72 años a causa de una embolia.

Sobre el libro "La esposa de Einstein, la verdadera historia de Mileva Maric-Einstein"

El propósito declarado del libro “La esposa de Einstein” es examinar la evidencia sobre la colaboración de Mileva en el trabajo científico de Albert Einstein. Existe un histórico debate sobre si Mileva fue una coautora fundamental, especialmente en los trabajos que condujeron a la Teoría de la Relatividad.

Por un lado, existen testimonios y cartas que sugieren una colaboración estrecha, e incluso se menciona un manuscrito inicial de la teoría de la relatividad con ambos nombres. Un dato citado con frecuencia es que, en el acuerdo de divorcio, Einstein cedió a Mileva el dinero completo del futuro Premio Nobel.

Sin embargo, los autores de este libro adoptan una postura escéptica. Argumentan que no hay evidencia concluyente que demuestre una contribución intelectual significativa de Mileva. Para sostener esto, se enfocan en desglosar y refutar punto por punto las referencias que apoyan la tesis de su colaboración. Un pilar de su argumentación es el historial académico de Mileva en Zúrich, señalando que sus calificaciones no estaban entre las más altas y cuestionando así su brillantez.

La sensación que me deja la lectura es que, en su afán por demostrar que Mileva no fue una colaboradora clave, los autores tienden a minimizar y menospreciar sus logros y su contexto. Debí haberlo intuido desde el título: "La verdadera historia de Mileva Einstein-Maric” ya delataba una línea argumental defensiva, haciendo énfasis en el apellido Einstein y correctiva, más interesada en refutar mitos que en comprender la complejidad de la persona. El análisis pasa por alto casi por completo el inmenso peso del prejuicio y la discriminación de la época, que sin duda afectaron el desempeño y las oportunidades de una mujer en un mundo académico dominado por hombres. Desacreditan testimonios históricos sin ofrecer una contraperspectiva comprensiva de las barreras estructurales que ella enfrentó.

El enfoque del libro resulta, en consecuencia, estrecho. Parece juzgar a Mileva con criterios contemporáneos, sin ponderar adecuadamente el hecho extraordinario de que, contra viento y marea, lograra acceder a la élite de la educación científica de su tiempo. Se pierde así la oportunidad de contar una historia más matizada sobre una mujer cuya vida, independientemente del grado exacto de su colaboración con Einstein, fue notable por su resiliencia y por desafiar los límites impuestos a su género. Al final, el libro, aunque informativo, reproduce en el ámbito historiográfico el mismo menosprecio que yo había percibido en las adaptaciones cinematográficas.

Un sistema injusto no solo le roba a una mujer su carrera; le roba al mundo su talento. La tragedia de Mileva Marić no fue personal, sino colectiva. La ciencia, y toda la humanidad, perdimos lo que ella pudo haber descubierto, creado e inspirado si hubiera tenido la misma libertad que el hombre a quien amó, enseñó y, en silencio, quizás iluminó. Su vida es un recordatorio urgente de que la justicia en la ciencia no es un lujo, es una necesidad para el progreso verdadero.

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