La señal Wow! ¿Una señal extraterrestre?
En mi camino por la astronomía, me he topado con diferentes temas. Uno de los temas que me parecen más interesantes —y que todavía guardan muchos misterios— es el de la señal conocida como “Wow!”.
Digo misteriosa porque, aunque han pasado casi 50 años desde que fue detectada, todavía no conocemos con certeza cuál fue su origen. Se han realizado nuevas observaciones, se han propuesto diferentes explicaciones y se han publicado estudios que intentan resolver el misterio, pero hasta ahora ninguna explicación ha sido confirmada.
El fin de semana me salió un documental sobre este tema en la plataforma TUBI de mi Smart TV, titulado WOW Signal. Entonces me di el tiempo de verlo y me motivó a escribir esta entrada de blog.
Así que… entremos en el tema.
Una señal inesperada
El 15 de agosto de 1977, el radiotelescopio Big Ear, perteneciente a la Universidad Estatal de Ohio, estaba realizando observaciones del cielo como parte de un programa relacionado con la búsqueda de inteligencia extraterrestre, conocida como SETI.
En ese momento nadie se dio cuenta de que había ocurrido algo extraordinario. Fue unos días después, mientras el astrónomo Jerry R. Ehman revisaba los registros impresos de la computadora, cuando encontró una secuencia que llamó inmediatamente su atención:
6EQUJ5
Ehman la rodeó con un círculo y escribió a un lado una sola palabra:
“Wow!”
Y así nació uno de los nombres más famosos de la historia de la búsqueda de vida inteligente fuera de la Tierra.
Pero hay algo importante que aclarar desde el principio:
6EQUJ5 no era un mensaje extraterrestre.
No decía “hola”, no era un código alienígena y no contenía una frase escondida.
Era simplemente una forma de representar cómo cambió la intensidad de una señal de radio durante la observación.
Y aquí es donde empieza lo interesante.
Cuando pensamos en astronomía, normalmente pensamos en la luz que podemos observar con nuestros ojos. Sin embargo, la luz visible es solamente una pequeña parte del espectro electromagnético.
El Universo también emite ondas de radio, y para estudiarlas utilizamos radiotelescopios.
La señal Wow! fue precisamente eso: una señal de radio.
Además, tenía una característica particularmente interesante: era una señal de banda estrecha, es decir, estaba concentrada en un intervalo relativamente pequeño de frecuencias.
Esto llamó la atención de los investigadores porque una señal de este tipo puede ser producida por fenómenos naturales, pero también podría ser utilizada por una civilización tecnológica para transmitir información.
Y había otro detalle todavía más curioso.
La señal apareció cerca de los 1420 MHz, una frecuencia relacionada con la llamada línea de 21 centímetros del hidrógeno.
El hidrógeno es el elemento químico más abundante del Universo. Por eso, desde hace décadas, algunos investigadores han considerado que esta frecuencia podría ser un buen punto de referencia para una posible comunicación entre civilizaciones.
En 1959, los físicos Philip Morrison y Giuseppe Cocconi incluso propusieron que una civilización extraterrestre que quisiera establecer comunicación podría elegir precisamente esta frecuencia.
Así que una señal intensa, de banda estrecha y cercana a esta frecuencia era, por lo menos, algo digno de investigar.
¿Qué escuchó el Big Ear?
El protagonista de esta historia fue el Big Ear, cuyo nombre podría traducirse como “Gran Oreja”.
Y el nombre resulta bastante apropiado.
A diferencia de muchos telescopios modernos, el Big Ear no podía apuntar libremente hacia cualquier lugar del cielo. En gran medida, utilizaba la propia rotación de la Tierra para observar diferentes regiones del firmamento.
Mientras nuestro planeta giraba, una fuente fija en el cielo iba atravesando el campo de observación del radiotelescopio.
El Big Ear podía observar una determinada fuente durante aproximadamente 72 segundos.
Y aquí aparece una de las características más interesantes de la señal Wow!:
duró aproximadamente 72 segundos.
Pero no solamente coincidió el tiempo.
La intensidad de la señal también cambió de una manera muy particular. Primero aumentó, alcanzó un máximo y después disminuyó.
Es justo el patrón que esperaríamos si una fuente situada en el cielo atravesara el haz del radiotelescopio:
se acerca → aumenta la intensidad → alcanza un máximo → se aleja → disminuye la intensidad.
Esto hizo que la señal pareciera tener un origen celeste y no simplemente ser una fluctuación aleatoria del ruido.
Y entonces podemos regresar a aquella misteriosa secuencia:
6EQUJ5
Los caracteres no representan palabras. El sistema del Big Ear utilizaba números y letras para indicar qué tan intensa era la señal respecto al ruido de fondo.
Los números correspondían a diferentes niveles de intensidad y, a partir de cierto punto, se utilizaban letras.
La U, por ejemplo, representaba una intensidad de entre 30 y 31 desviaciones estándar por encima del ruido de fondo.
Por eso la secuencia:
6 → E → Q → U → J → 5
nos muestra cómo la señal aumentó hasta alcanzar su máximo en la U y después volvió a disminuir.
Así que no estamos viendo un mensaje.
Estamos viendo la evolución de la intensidad de una señal de radio.
Si alguna vez encuentras una publicación que diga que “6EQUJ5” significa un mensaje extraterrestre, no es correcto. Es simplemente la manera en que el sistema de registro del Big Ear representó la intensidad de la señal..
Pero todavía quedaba una pregunta fundamental:
¿De dónde había venido?
Sabemos aproximadamente hacia qué región del cielo estaba apuntando el telescopio, pero no podemos señalar con certeza una estrella concreta como origen.
El Big Ear tenía dos receptores que observaban regiones ligeramente diferentes del cielo. La señal apareció en uno de ellos, pero los datos no permiten determinar con absoluta certeza cuál fue.
Por eso quedaron dos posibles regiones de origen, ambas en dirección de la constelación de Sagitario.
Y esto es importante: decir que la señal provenía de la dirección de Sagitario no significa que sepamos que salió de una estrella de esa constelación.
Simplemente conocemos la región del cielo desde la que parecía llegar.
El gran misterio: ¿qué la produjo?
Después de detectar la señal, los investigadores intentaron encontrarla nuevamente. Jerry Ehman realizó nuevas búsquedas con el Big Ear. Posteriormente se utilizaron otros radiotelescopios, incluso instrumentos mucho más sensibles, para tratar de localizarla nuevamente.
La señal no volvió a ser detectada.
Si hubiéramos detectado nuevamente la misma señal procedente de la misma región del cielo, tendríamos una evidencia mucho más sólida de que estábamos ante una fuente real y persistente.
Pero una sola detección no nos permite saber cuál fue su origen.
A lo largo de los años se han propuesto varias explicaciones.
Una de ellas fue que pudiera tratarse de interferencia terrestre. Los radiotelescopios son extremadamente sensibles y pueden captar señales producidas por tecnología humana. Sin embargo, las características de la señal hacen difícil explicar todo el fenómeno simplemente como una interferencia convencional.
También se consideró la posibilidad de que una señal terrestre hubiera sido reflejada por algún objeto en el espacio. Incluso Jerry Ehman contempló esta posibilidad, pero los análisis posteriores indicaron que tendría que darse una combinación de condiciones poco realista.
Otra propuesta que llamó mucho la atención fue la de los cometas.
En 2017 se sugirió que la señal podría haber estado relacionada con el hidrógeno alrededor de los cometas 266P/Christensen y 335P/Gibbs.
La idea era interesante, pero posteriormente fue cuestionada y descartada porque los cometas no se encontraban en la posición adecuada para explicar la señal y tampoco podían explicar satisfactoriamente todas sus características.
Entonces, si no sabemos qué la produjo, ¿podría haber sido una civilización extraterrestre? Es una posibilidad, pero no tenemos evidencia suficiente para afirmarlo.
La señal tenía características que podían resultar interesantes para SETI, pero ninguna de ellas demuestra que haya sido producida por una civilización tecnológica.
La señal Wow! no es una prueba de vida extraterrestre.
Y tampoco podemos afirmar que ya sabemos cuál fue su origen.
Lo que tenemos es un evento registrado por un radiotelescopio cuyo origen todavía no ha sido identificado de manera concluyente.
Una de las hipótesis propone que la señal podría estar relacionada con un fenómeno astrofísico poco común que involucrara una nube de hidrógeno neutro.
La idea general es que algún evento energético podría haber provocado que una nube de hidrógeno aumentara temporalmente su emisión de radio, produciendo una señal intensa que después desapareciera.
“¿Fueron extraterrestres?”
La pregunta podría ser mucho más sencilla:
“¿Qué ocurrió realmente aquella noche de agosto de 1977?”
Y por ahora, casi 50 años después, la respuesta sigue siendo:
no lo sabemos.
Quizá algún día encontremos la explicación.
Sobre el documental
El documental Wow Signal fue precisamente lo que me llevó a querer investigar y escribir sobre este tema.
Me pareció interesante porque presenta toda esta historia de una manera clara y accesible. Además, participan personas directamente relacionadas con el caso, entre ellas Jerry Ehman, quien fue quien descubrió la señal al revisar los registros del Big Ear, así como un investigador vinculado al programa SETI.
Algo que me pareció especialmente interesante es que el documental deja claro que, hasta el momento de su realización, no existe una respuesta definitiva sobre el origen de la señal.
Sin embargo, mientras investigaba para escribir esta entrada, encontré que la historia no se ha quedado detenida en 1977. Después de la realización del documental se han publicado nuevos trabajos que proponen otras posibles explicaciones, particularmente relacionadas con fenómenos astrofísicos y nubes de hidrógeno.
Por eso decidí incluirlas aquí.
No porque alguna de estas nuevas propuestas haya resuelto definitivamente el misterio, sino porque me parece importante mostrar cómo funciona la ciencia: una pregunta puede permanecer abierta durante décadas y, aun así, seguir siendo investigada. Nuevos datos, nuevas herramientas y nuevas formas de analizar las observaciones pueden hacer que volvamos a mirar un fenómeno antiguo desde una perspectiva diferente.
Así que, si después de ver el documental te quedas con la pregunta “¿entonces qué fue la señal Wow!?”, la respuesta sigue siendo la misma:
todavía no lo sabemos.
Pero ahora tenemos nuevas hipótesis para seguir investigando.
Y quizá eso sea lo más emocionante de todo: que casi 50 años después, aquella señal todavía nos está haciendo mirar hacia el cielo y preguntarnos qué ocurrió realmente.
- Mamá Astrofísica
- Documental Wow Signal
https://www.youtube.com/watch?v=TjQUucV83w4




